En un contexto de creciente presión regulatoria y exigencias ambientales en las cadenas de suministro, la medición de la huella de carbono se está consolidando como una herramienta clave para reforzar la competitividad de las empresas. Especialmente en el caso de las pymes industriales, disponer de información precisa sobre sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) ya no es solo una cuestión ambiental: es una ventaja estratégica en el mercado.

Una visión estratégica desde la pyme industrial

Grindel, empresa especializada en mecanizado de precisión y ubicada en Elgoibar, es un claro ejemplo de cómo una pyme puede incorporar la sostenibilidad a su estrategia de negocio. En 2024, la compañía inició el cálculo completo de su huella de carbono de organización, con el objetivo de reducir sus emisiones y anticiparse a los retos derivados de la transición ecológica.

El trabajo realizado por Naider para Grindel abarca los tres alcances del Protocolo GEI, conforme a la norma ISO 14064-1 y utilizando la calculadora de Ihobe, herramienta reconocida por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Este enfoque ha permitido a la empresa conocer con precisión sus emisiones directas (combustibles en instalaciones y vehículos), indirectas (electricidad) y otras emisiones asociadas a actividades fuera de su control directo, como el transporte de personal, proveedores, entregas a clientes, consumo de materiales o gestión de residuos.

Resultados medibles y acciones concretas

El 76,5% de las emisiones de Grindel corresponden a emisiones de Alcance 3. Entre los factores más relevantes se encuentran el consumo de acero, el transporte del personal y la gestión de residuos. Estos resultados no solo permiten comprender mejor el impacto climático de la actividad, sino que también sirven de base para definir un plan de reducción ambicioso y realista.

El Plan de Reducción de Emisiones diseñado por Naider para Grindel contempla múltiples líneas de actuación: desde la sustitución de combustibles fósiles hasta la mejora en la eficiencia energética, el uso de electricidad de origen renovable, la optimización logística, el ecodiseño de productos o la colaboración con proveedores y clientes para reducir la huella de carbono en toda la cadena de valor.

Grindel se ha marcado un objetivo de reducción del 30% en sus emisiones de Alcance 1 y 2 en 2030, tomando como base un indicador de intensidad ligado a la facturación. Además, se prevé avanzar también en la cuantificación y reducción progresiva del Alcance 3.

Competitividad sostenible

La experiencia de Grindel demuestra que calcular la huella de carbono no es un ejercicio meramente técnico o de cumplimiento normativo. Es una herramienta transformadora que mejora los procesos, optimiza recursos y prepara a la empresa para los desafíos del futuro. En sectores industriales cada vez más exigentes, conocer y reducir las emisiones GEI se está convirtiendo en una condición necesaria para mantener la posición competitiva, acceder a nuevos mercados o fidelizar clientes.

En definitiva, la sostenibilidad no está reñida con la rentabilidad. Empresas como Grindel están demostrando que la descarbonización puede ser un motor real de innovación, eficiencia y liderazgo industrial.