La introducción de la infraestructura verde en las ciudades no es un elemento innovador per se, pero hacerlo con una mirada de justicia social se presenta como el elemento diferenciador. Una infraestructura verde va más allá de disponer de zonas ajardinadas, sino como toda infraestructura busca proveer ciertos servicios a la población. En este caso de proveer a la población, especialmente la más vulnerable de servicios ecosistémicas, como regulación térmica, estética paisajística, baja contaminación y sombreado entre otros.
La vegetación urbana no es solo una cuestión estética o de bienestar: es infraestructura esencial para la vida en la ciudad. Aporta sombra y frescor, mejora la calidad del aire, reduce la contaminación acústica, capta CO2, regula el ciclo del agua y ofrece espacios de encuentro y salud mental. En un contexto de cambio climático y crisis urbana, la vegetación se ha convertido en un elemento clave de la transición ecológica. Sin embargo, esa transición no siempre está siendo justa.
En muchas ciudades del mundo, el acceso a espacios verdes y vegetación urbana está profundamente mediado por la renta, la clase social y la historia del urbanismo. Donde hay más renta, hay más verde. Donde hay más vulnerabilidad, hay más cemento, más calor, más ruido, más contaminación.
La geografía desigual del verde urbano: Casos particulares de Santiago y Lima
En Santiago de Chile, los estudios de teledetección y cartografía urbana muestran una ciudad partida en dos: el sector nororiente, más acomodado, está cubierto por jardines, parques y arbolado urbano, mientras que el sur y poniente, más vulnerables y densos, apenas cuentan con sombra natural. La desigualdad en el acceso al verde es tan marcada que se habla de «segregación ecológica».
Otro caso claro es el de la capital peruana. Lima, es una de las ciudades desérticas más extensas del mundo donde el verde parece un privilegio casi exclusivo. Mientras los acantilados de distritos como Miraflores o San Isidro están tapizados de jardines y culminados por parques, palmeras y vegetación ornamental mantenida por sistemas de riego intensivo, los acantilados de los distritos vecinos, con menores rentas están desprovistos de vegetación y parques. Es más los grandes conos urbanos de la periferia viven entre colinas peladas, sin árboles, plazas ni parques funcionales. El contraste entre barrancos ajardinados para el turismo y barrios sin una sombra es un reflejo crudo de la desigualdad urbana.
España: entre la planificación verde y las inercias socioespaciales
En el contexto español, aunque las diferencias puedan parecer más matizadas, la desigualdad también está presente. Muchos barrios residenciales de clase media-alta, especialmente los urbanizados en las últimas décadas, cuentan con grandes avenidas arboladas, jardines comunitarios y parques urbanos bien mantenidos. Mientras tanto, muchas barriadas populares, especialmente las más antiguas o densamente edificadas, sufren un déficit estructural de vegetación.
Sin embargo, existen excepciones que invitan a pensar. En Bilbao, barrios periféricos como Otxarkoaga, Txurdinaga o Rekalde, tradicionalmente más humildes, cuentan con más vegetación y masa arbórea que zonas centrales más densas y acomodadas como Abando o Indautxu. Esto se explica en parte por su historia de urbanización dispersa y pendiente, que ha permitido mantener más zonas verdes en laderas o espacios interbloques. Aun así, no siempre se trata de vegetación accesible, mantenida o pensada como infraestructura para el bienestar.
Vegetación, salud y vulnerabilidad climática
La vegetación urbana es un determinante social de la salud. Numerosos estudios han mostrado su impacto en la reducción de enfermedades cardiovasculares, respiratorias, el estrés crónico y la mejora del bienestar psicológico. Además, en escenarios de ola de calor, los barrios con menos verde sufren mayor exposición térmica y menor capacidad de adaptación.
En este sentido, una transición ecológica que no tenga en cuenta la distribución desigual de la infraestructura verde puede profundizar la brecha social y climática. No basta con plantar más árboles; hay que hacerlo donde más se necesita, con criterios de justicia territorial, salud pública y participación comunitaria.
Para integrar justicia ecológica en la planificación urbana hay que considerar los siguientes puntos:
- Priorizar la renaturalización de barrios vulnerables y zonas con isla de calor.
- Diseñar infraestructura verde funcional, accesible y mantenida.
- Incorporar indicadores de equidad verde en los planes urbanos.
- Asegurar la participación de las comunidades locales en el diseño de los espacios.
- Financiar estrategias de largo plazo para conservar y regenerar el verde urbano.
La vegetación no puede ser un lujo urbano. Debe ser un derecho ambiental básico. Desde la transición ecológica, es urgente repensar el verde como garantía de justicia climática y bienestar colectivo.
Desde Naider trabajamos para que las ciudades del futuro no solo sean más verdes, sino también más justas.

Fuente: Santiago according to socioeconomic level, where S5 is the most vulnerable. © Teodoro Dannemann, Boris Sotomayor-Gómez, and Horacio Samaniego, based in Observatorio de Ciudades UC
Ilustración principal: William Justen de Vasconcellos





