La semana pasada el museo del Prado acogió el ciclo de reflexiones sobre cultura de Radio 3 bajo el nombre Cultura 19. La segunda jornada fue dedicada a la arquitectura, donde participaron Martha Thorne, directora ejecutiva del premio Pritzker; el doctor arquitecto y sociólogo José María Ezquiaga, la experta en Comunicación de Arquitectura y Urbanismo Ariadna Cantis, y Álvaro Ardura, especialista en planteamiento urbanístico y regeneración urbana.

Del interesante debate pudimos rescatar la visión de los asistentes sobre cómo serán las ciudades del futuro. En primer lugar invitaron a diferenciar entre dos conceptos, ciudades sostenibles y ciudades resilientes.  La sostenibilidad es la capacidad de utilizar los recursos que necesitamos para cubrir nuestras necesidades presentes (tanto del Norte como del Sur global) permitiendo que las generaciones futuras también puedan cubrir las suyas. Por otro lado la resiliencia es la capacidad del sistema (en este caso de la ciudad) de recomponerse frente a ciertos cambios abruptos o desequilibrios dentro del mismo.

Es decir, las ciudades futuras deberán ser; por un lado sostenibles, capaces de autoabastecerse mediante energía renovable y recircular los ciclos de materiales reduciendo la demanda de recursos naturales. Por otro lado también deberán ser resilientes y disponer de la capacidad de enfrentarse y recuperarse fácilmente de las crisis climáticas, económicas, migratorias, etc. Todo esto sin dejar a nadie en la estacada y sin permitir que el sistema urbano colapse ante dichas crisis.

Para ello en el debate se señalaron tres pilares fundamentales que estructurarán nuestras ciudades del futuro: la diversidad, el fin del automóvil privado y la disolución de la frontera urbano-rural. Las ciudades del futuros no solo serán más diversas en gentes y necesidades sino que se planearán considerando dicha diversidad (de edades, géneros, procedencias y credos). EL modelo de movilidad cambiará radicalmente, hasta el punto en el que la necesidad de disponer de un coche privado en propiedad desaparecerá. Por último, la naturaleza entrará en la ciudad, la renaturalización del entorno urbano artificializado e impermeabilizado dará paso a entornos urbanos más semejantes al entorno natural. Esto permitirá la existencia de la agricultura urbana que causará la desaparición de la actual brecha entre el campo y la ciudad.

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