En las últimas décadas, los Living Labs han emergido internacionalmente como infraestructuras de investigación e innovación abierta y colaborativa, en entornos de la vida real. El objetivo de ellos es la creación sostenible de nuevos productos, espacios o infraestructuras adaptadas a las necesidades de la sociedad y territorio en el que se implantan. Para ello involucran a diferentes agentes, tanto públicos como privados, que conforman la denominada hélice cuádruple (ciudadanos, las organizaciones de investigación, las empresas y las agencias/niveles gubernamentales) en un ecosistema abierto, iterativo y centrado en los usuarios. En ellos se fomenta la co-creación en un ambiente real, siendo su función actuar como intermediarios/orquestadores de los mismos.

Por tanto, las claves fundamentales que un Living Lab debe cumplir son: •Orquestación: actúa como orquestador dentro del ecosistema para conectar y asociarse con los stakeholders pertinentes. •Participación múltiple de las partes interesadas •Participación activa de los usuarios •Co-creación, entendida como un proceso bottom-up. •Entorno real:  opera en el entorno real de los usuarios finales, incorporando las innovaciones a su vida real en lugar de trasladar al usuario a lugares de prueba para explorar las innovaciones. •Enfoque multimétodo: cada actividad del laboratorio viviente se basa en un problema. Por lo tanto, el enfoque metodológico para cada actividad se seleccionará en función de los resultados esperados de la actividad y de las partes interesadas que deben participar.

Bajo esta premisa existen distintos tipos de living labs. Los living labs territoriales están comprometidos con el desarrollo local, el fomento de la cultura digital y la innovación, el emprendimiento a escala local, la creación de redes de ciudadanos digitales, la participación ciudadana en el gobierno local, el descubrimiento de las nuevas tecnologías y de los usos que pueden tener para la ciudadanía. Una de las funciones de los living labs territoriales es promover la coordinación entre los agentes territoriales para mejorar el bienestar, la calidad de vida de la población y contribuir, de esta manera, al desarrollo y sostenibilidad del territorio. Ejemplo de ello pueden ser Living Labs de Smart cities,

Los living labs científico-tecnológicos se originan en otro marco conceptual, el de la competitividad y la sostenibilidad de los negocios. Algunos son empresas que ofrecen servicios de validación de productos tecnológicos durante las fases de diseño y desarrollo de productos a empresas de distintos sectores. Otros surgen en los entornos de los parques científicos y tecnológicos para ayudar a los investigadores de las universidades, startups y empresas vinculadas a ellos y, además, para facilitar la transferencia de sus tecnologías.

Parece que estos laboratorios vivientes han venido para quedarse y sustituir las estructuras antiguas y obsoletas de innovación y, así, involucrar a los distintos agentes de la sociedad en la búsqueda de fórmulas eficientes para la resolución de problema, basados en la participación activa de los agentes.

Sara Soloaga

Ecóloga y MSc en Gestión de Ecosistemas

NAIDER

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