Nos estamos empezando a preparar para una nueva convivencia con el cambio climático. Un cambio que nos exige reforzar nuestra capacidad de respuesta ante el vaivén meteorológico y salir de casa equipados con la txira y el abanico.
Más allá de la nota de humor, lo cierto es que las olas de frío y las olas de calor —como la anunciada para este domingo 21 de junio— pueden causar desvanecimientos, agravar enfermedades y también traer la muerte.
En Euskadi hay tres tipos de alarmas sobre las que pivota el Plan de Calor 2026: alerta amarilla, alerta naranja y alerta roja. Una red de refugios funciona cuando la preparación existe antes de que se active cualquiera de ellas. En aviso amarillo se informa y se prepara la escalada. En alerta naranja se activan refugios de referencia y el seguimiento de personas expuestas. En alarma roja la red actúa como dispositivo reforzado de protección pública. La activación no debe depender de la buena voluntad del equipamiento que casualmente esté abierto; debe estar pactada, comunicada y coordinada.
Los ayuntamientos tienen también la responsabilidad de atender a sus ciudadanos: por la propia capilaridad territorial del servicio público, por proximidad y por conocimiento local.
Lo primero es saber cómo activar y escalar el Plan de Calor en su localidad: cómo hacer resonar los mensajes de alerta lanzados por Euskalmet, cómo organizarse internamente y con entidades supramunicipales para activar protocolos de respuesta, proporcionar lugares de refresco y asistencia sanitaria, mientras se aplican medidas para reducir las superficies que acumulan calor y aumentar las superficies de sombra —vegetales o no.
El calor, el frío o las inundaciones no aparecen en el mejor momento. Paradójicamente, suelen suceder un domingo de agosto al mediodía o en una noche de invierno, como si quisieran atacarnos en horas bajas.
Es importante hacer un ejercicio de introspección y analizar dónde y cómo han sucedido los impactos por olas de calor, del mismo modo que URA elabora escenarios estadísticos de inundaciones, para dimensionar en la medida de lo posible el grado de amenaza al que nos enfrentamos.
Un golpe de calor puede darte en la playa —de hecho, sucede con frecuencia—, a pesar de tener el mar enfrente, una fuente a cien pasos y un socorrista a tu derecha: es precisamente la zona que más horas de sol recibe.
Es fundamental planificar estas cuestiones con otros departamentos locales —salud, emergencias y seguridad— para orquestar una respuesta coordinada. ¿Quién va a abrir los edificios públicos el domingo de alerta naranja? ¿Quién lanzará las comunicaciones preventivas? ¿Cómo vamos a asistir a las personas vulnerables? Son preguntas que técnicos y responsables políticos de cada administración deben tener respondidas de antemano.
Hay ciudadanos que acuden al centro comercial los días de ola de calor. Otros prefieren la playa, el monte o el parque con los niños; los hay que van al cine, a la biblioteca o al centro urbano. Allá donde te alcance el azote térmico, necesitarás de una respuesta colectiva.
Si te encuentras mal, pide un vaso de agua en un bar, asistencia en la farmacia o siéntate un rato en la tienda climatizada más cercana. No sustituirán la asistencia sanitaria, pero pueden participar en el protocolo de respuesta si saben cómo hacerlo.
Llamémosles microrrefugios, o como queramos. Lo importante es adherir a empresas, asociaciones y aliados a una red mayor, incluir a los vecinos y recuperar la conciencia colectiva como un rearme ante la emergencia climática que nos toca enfrentar.
Cómo se mira la ciudad: sombra, vulnerabilidad y recorridos
Diseñar refugios exige mirar la ciudad con tres capas a la vez: dónde vive o transita la población más vulnerable, dónde están los espacios con capacidad real de acogida y qué recorridos permiten llegar a ellos con menor exposición solar. La red es más fuerte cuando combina edificios, espacios verdes, fuentes, sombra, itinerarios peatonales y agentes de proximidad.
Herramientas como ShadeMap pueden ayudar a visualizar zonas urbanas con mayor incidencia solar y apoyar decisiones sobre sombra, puntos de agua, señalización, bancos, recorridos confortables y priorización de entornos especialmente expuestos.

Un refugio climático no se improvisa cuando llega la alerta; se prepara colectivamente para que, cuando el calor apriete, la ciudad sepa cuidar mejor.
Fuentes y referencias
- Red de Refugios Climáticos de Euskadi — Ihobe
- Guía de la Red de Refugios Climáticos de Euskadi — Ihobe
- Refugios climáticos de Vitoria-Gasteiz — Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz
- Plan de Calor de Vitoria-Gasteiz — Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz
- Plan de Calor de Euskadi 2026 — Gobierno Vasco
Nota metodológica: el texto se apoya en referencias oficiales y municipales sobre redes de refugios climáticos, planificación frente al calor y herramientas de lectura urbana. La mención a ShadeMap es orientativa y no sustituye mediciones microclimáticas, criterios sanitarios ni análisis técnico local.
Qué puede aportar NAIDER
NAIDER puede acompañar a las administraciones públicas en la concepción, diseño e implementación de redes de refugios climáticos: definición de criterios, identificación de espacios, lectura territorial de vulnerabilidad y soleamiento, cartografía operativa, activación de microrrefugios, materiales de comunicación y evaluación de la red tras la temporada de calor.
Imagen: Sudeep deep





